DEFINIR LA IMAGEN

A modo de ejes bipolares, podemos distinguir una serie de atributos básicos de las imágenes:
iconicidad-abstracción 
originalidad-estereotipia 
monosemia-polisemia 
denotación-connotación.
Estas características surgen a partir de un antagonismo y de este modo, las imágenes que se acerquen a uno u otro polo de una característica determinada, serán excluidas automáticamente del opuesto.

a. Iconicidad-abstracción
Una imagen es más icónica que otra en la medida que tenga más propiedades comunes con el objeto que representa, por eso el mayor grado de iconicidad lo tiene el objeto mismo. La mayor parte de los mensajes que producimos se sitúan en algún espacio de ambos extremos, es decir, o tienen un alto nivel de abstracción o bien de concreción con respecto al objeto real.






El grado de iconicidad es el nivel de realismo de una imagen en comparación de la cosa que representa. Seguimos un camino descendente, de mayor iconicidad a menor realismo. 

De este modo, Villafañe considera el nivel de realidad, es decir, el grado de iconicidad o de abstracción que posee una imagen, como punto de partida para llevar a cabo una clasificación, para lo que hace uso de las escalas de iconicidad. 



Villafafe (1985) propone su escala de iconicidad, aunque la más conocida sea la escala de iconicidad de Moles (1991).
Escala de iconicidad para la imagen fija-aislada (adaptada de Villafañe, 1985: 41-42).
Las imágenes cuya iconicidad corresponde a los niveles 10, 9, 8 y 7, son las más adecuadas para satisfacer funciones descriptivas, que no necesitan la máxima perfección como en el caso anterior, pero que, sin embargo, deben representar las propiedades estructurales del objeto, así como sus proporciones para que sea posible su identificación.

Los niveles intermedios de la escala de nivel 5 ó 6 posee, son los más apropiados para la expresión artística

Los niveles 4, 3 y 2, correspondientes ya a imágenes de una considerable abstracción, son los más idóneos para la información visual

Por último, el nivel 1, se refiere a imágenes cuya función puede ir desde la búsqueda de nuevas formas de expresión visual a la ausencia de tal función (Villafañe, 1985: 43).


Moles (1991: 103 y ss.) entiende que con su escala de iconicidad se precisan los diferentes grados esenciales de la abstracción progresiva, desde un desglose de características sensibles del objeto o del fenómeno. Una escala de este tipo es utilizable en comparación, en tanto que escala de iconicidad o abstracción, permitiendo dividir el universo de los esquemas de subconjuntos, de los que cada uno posee sus repertorios de elementos, su sintaxis y sus valores. Además, como toda escala, se basa en casos relativamente puros y fáciles de reconocer.


b. Simplicidad – Complejidad.
Las imágenes simples contienen escasos elementos visuales y requieren para su decodificación una menor atención que las imágenes complejas.

En el lenguaje publicitario se observa que la gran mayoría de anuncios no poseen más allá de cuatro o cinco elementos visuales con el objeto de no distraer a la audiencia del fin que se persigue: la captación diáfana del mensaje y de una posible clientela.

. La imagen simple en oposición a la imagen compleja.

"Music Almighty" Publicidad impresa hecho por Wieden + Kennedy London

Jim Dine

El nivel de complejidad de una imagen va a estar estrechamente vinculado a los siguientes aspectos:
  • grado de iconicidad
  • sentido abierto o cerrado de la representación
  • carácter histórico de la representación
  • valor económico, social, político, cultural, etc., de los objetos que aparecen en la imagen
  • relaciones de los elementos entre sí.
  • utilización de elementos u objetos anacrónicos en una misma representación
  • el contexto
  • por último la organización perceptual.
(Aparici y Otros, 1987).

c. Originalidad – Redundancia.
Una imagen original es aquélla que contiene elementos visuales poco conocidos. Una imagen redundante, por contra, posee elementos visuales muy repetidos. Las imágenes originales suelen ser más impactantes pero hay que tener en cuenta que un exceso de originalidad puede ocasionar interpretaciones erróneas o dificultar el nivel de lectura que podamos hacer de ellas. La imagen publicitaria, por ejemplo, juega con estas dos dimensiones.

Daryl Feril


. La imagen original en oposición a la imagen redundante o estereotipo.

Algunos de los elementos que entran en juego a la hora de realizar una imagen original pueden ser (Aparici y Otros, 1987):

  • las características del destinatario
  • el grado de iconicidad, porque en ocasiones, un alto nivel de abstracción puede provocar ruido al no descodificarse correctamente el mensaje.
  • el grado de contraste que se pretende alcanzar al comparar la imagen original con otras que aborden el mismo tema.
  • la disposición espacial de los objetos organiza su interpretación.
  • los objetos se presentan de una forma no esperada por el receptor.
  • la utilización del color responde a criterios estéticos específicos.
  • el punto de vista seleccionado ofrece una visión distinta de los objetos.
  • la finalidad del mensaje.
  • la creatividad de sus autores…


d. Monosemia – Polisemia
Una imagen es, por propia naturaleza, de carácter polisémico. Puede contener tantos significados como los implícitos en sus características básicas y elementos constitutivos, como en los propios significados que se generan en quien la interpreta.

Raúl

Robert Marchessault

. La imagen monosémica en oposición a la imagen polisémica.

Hay imágenes que tienen un significado obvio y único, es decir, no ofrecen al espectador la posibilidad de descubrir otros sentidos distintos al que aparece representado. Sin embargo, es difícil mantener esta afirmación.

e. Denotación – Connotación.
La denotación es lo que literalmente nos muestra una imagen, es lo que percibimos inmediatamente. La denotación está conformada por todos los elementos observables (puntos, líneas, color, formas...). La denota­ción es el nivel «objetivo» de la imagen: en una lectura denotativa de la imagen enumeramos y describimos lo que aparece representado, sin incorporar valoraciones personales.

Alessandro Gottardo 
Andy Wharhol

La imagen denotada en oposición a la imagen connotada.

La connotación, en cambio, no nos es mostrada, no es observable sino es pensada y tampoco es igual para todos los receptores. La connotación está estrechamente ligada a un nivel subjetivo de lectura.

Los valores, las normas, las pautas sociales... entran en juego en este nivel de análisis. El poder de evocación de una imagen, en este caso, no es igual para todos, ya que las experiencias previas y el contexto (social y cultural) van a permitir una serie de asociaciones y proyecciones particulares en cada individuo (espectador).

Una persona otorga a un mensaje un valor connotativo determinado en función de su propia ideología. La connotación puede actuar como refuerzo del mensaje en sí y de la propia ideología, o por el contrario, entrar en abierta contradicción con el mensaje (Aparici y Otros, 1987).

Al igual que ocurre con la monosemia y la polisemia, la denotación y la connotación son, más que propiedades o características inherentes a la imagen, dos niveles de lectura. En los dos ejemplos de las imégenes podemos realizar lecturas denotadas o connotadas de la imagen de Warhol y el jardinero japonés que ordena la cabeza de Freud.

Vía: http://tecnologiaedu.us.es/cursos/29/html/cursos/tema_correa/3-2.htm

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